Estados Unidos volvió a imponer su ley en el baloncesto femenino mundial. La selección norteamericana remontó una desventaja de 14 puntos y terminó derrotando 97-79 a Francia este domingo en Berlín, resultado con el que conquistó su quinto título consecutivo en la Copa Mundial Femenina de Baloncesto FIBA y prolongó una de las dinastías más dominantes del deporte internacional.

La final comenzó con un escenario inesperado para las campeonas defensoras. Francia salió con intensidad, precisión exterior y una defensa agresiva que incomodó a Estados Unidos desde los primeros minutos. El conjunto europeo cerró el primer cuarto arriba 20-17 y elevó todavía más la presión en el segundo período, donde llegó a construir una ventaja de 31-17 tras una racha que encendió a sus aficionados en la Berlin Arena.
La respuesta estadounidense, sin embargo, fue inmediata. Lideradas por Breanna Stewart y Jackie Young, las norteamericanas comenzaron a recortar diferencias con mejores posesiones, mayor presencia en los rebotes y una defensa que obligó a Francia a tomar lanzamientos más incómodos. Un triple de Caitlin Clark cerca del cierre del segundo cuarto permitió que Estados Unidos se fuera al descanso apenas dos puntos abajo, 45-43, dejando completamente abierta la lucha por el título.
El tercer cuarto cambió la final
El partido dio un giro definitivo tras el descanso. Estados Unidos abrió el tercer cuarto con una ofensiva mucho más fluida y consiguió un parcial que le permitió pasar al frente. Francia intentó mantenerse en juego, pero la presión defensiva estadounidense y el acierto en tiros de larga distancia comenzaron a inclinar la balanza.
El equipo dirigido por Kara Lawson firmó un tercer período de enorme autoridad, ganándolo 30-12. Stewart fue determinante tanto en la anotación como en la organización ofensiva, mientras Young aportó energía, tiro exterior y defensa. Cuando terminó el tercer cuarto, Estados Unidos ya dominaba 73-57 y había transformado una final que parecía complicada en un partido bajo su control.
En el último período, Francia intentó reaccionar, pero nunca logró reducir la diferencia lo suficiente como para poner en riesgo el triunfo estadounidense. Dominique Malonga y Gabby Williams fueron las principales referencias ofensivas del conjunto francés, que pese a la derrota completó una participación histórica y alcanzó su mejor resultado en una Copa Mundial.
Stewart lideró otro capítulo histórico
Breanna Stewart terminó como máxima anotadora de Estados Unidos con 22 puntos y fue una de las figuras centrales de la remontada. Jackie Young agregó 18 unidades, mientras Kahleah Copper y Caitlin Clark también realizaron aportes importantes en diferentes momentos del encuentro.
Por Francia, Malonga finalizó con 21 puntos y Williams aportó 20, pero el desgaste físico y la intensidad defensiva de las estadounidenses terminaron pasando factura en la segunda mitad.
Con esta victoria, Estados Unidos alcanzó su duodécimo título mundial y el quinto de manera consecutiva. Además, amplió a 36 su racha de triunfos consecutivos en la Copa Mundial, una marca que refleja la continuidad y profundidad de un programa que ha conseguido renovar figuras sin perder su condición de referente absoluto.
El campeonato también confirmó el crecimiento del baloncesto femenino internacional. Francia puso a prueba a la potencia norteamericana durante buena parte de la final y cerró el torneo con una medalla de plata histórica, mientras España se quedó con el bronce tras vencer a Alemania en el partido por el tercer lugar.
El título también representa un impulso para una generación estadounidense que mezcla experiencia y juventud. Stewart y otras referentes asumieron los momentos de mayor presión, mientras jugadoras que viven sus primeras grandes competencias internacionales pudieron sumar minutos de alto nivel. Esa combinación volvió a marcar diferencias cuando la final exigió control emocional, ajustes defensivos y respuestas rápidas ante el mejor momento de Francia.
Estados Unidos, por su parte, volvió a subir a lo más alto del podio y dejó un mensaje claro de cara al próximo ciclo olímpico: pese al relevo generacional y al avance de sus principales rivales, continúa siendo el equipo a vencer en el baloncesto femenino mundial.
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